Mi nombre es Marta Rosell, pintora de vocación y licenciada en restauración de obras de arte. Una vez acabada la carrera, decidí aparcar la profesión para la que me había formado y dedicarme a aquello que realmente me apasionaba, la pintura. En la universidad aprendí la base de todas las técnicas tradicionales y contemporáneas, gracias a eso puedo fabricarme mis pigmentos y soportes.  A través del color y el retrato intento plasmar cada día esa fuerza que durante tanto tiempo mantuve escondida bajo la bata de laboratorio.